01
Antes de lavar, detente.
La primera regla es sencilla: revisa la etiqueta y localiza el tipo de acabado. Una pieza estampada, teñida a mano, forrada o con aplicaciones puede requerir un tratamiento distinto al de una seda lisa.
La opción prudente. Si la pieza es especial, antigua o tiene una construcción compleja, consulta a una tintorería especializada antes de hacer una prueba doméstica.
Cuando la etiqueta lo permita, prioriza un baño corto en agua fría o templada con detergente pensado para fibras delicadas. Evita frotar y retorcer: la fibra agradece la presión suave, no la fricción.
02
Secar no es olvidar.
Una plancha a baja temperatura y por el reverso puede recuperar la caída. Interpón un paño fino si no conoces la reacción del acabado.
03
Guardar es también cuidar.
Elige un espacio seco, ventilado y protegido de la luz. Para piezas que se deforman con facilidad, evita colgarlas durante meses. Para piezas delicadas, intercala papel libre de ácidos o una capa textil respirable.
Evita los extremos. Perfumes directos, bolsas de plástico cerradas, radiadores y limpiezas improvisadas suelen crear más problemas que soluciones.
Sigue leyendo
¿Necesitas una mano experta?